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La visita del Ratón Pérez

Con mi hija aún conservo muchas tradiciones y desde hace dos años dejamos cada diente que se le cae en un estuche en forma de ratón, para que el Ratón Pérez se lleve el diente mientras ella duerme y en su lugar le dejé un regalo a cambio.

Cuando mi hija tenía 7 años se le empezó a mover uno de sus dientes incisivos inferiores, lo que significaba, que pronto íbamos a recibir la visita del Ratón Pérez y esa es en realidad la motivación que uso para que la caída de sus dientes no se convierta en un trauma, sin embargo, con historia a bordo, dinero o regalo de por medio, la caída de su primer diente fue demasiado traumático.

A su diente ya le faltaba poco para desprenderse de la encía y mi hija ya se empezó a desesperar, me decía: -no puedo comer, me duele, quítamelo, qué hago, no puedo ni hablar- le revisé y efectivamente ya estaba muy suelto, le ofrecí mi ayuda, pero enseguida rompió en llanto y fue imposible, en ese momento llegó mi hermana y sugirió llevarla al odontólogo para que no le fuera a doler, así que al día siguiente, el abuelito se encargó de llevarla para que el odontólogo se encargará de sacarle su primer diente, pero cuando regresaron, el abuelito llegó furioso porque tuvieron que sostenerla entre tres personas, mi hija lloró, gritó y la odontóloga se estresó tanto que terminó diciéndole a mi papá que mejor se lo quitaran en la casa. En ese momento con un profundo dolor y un poco de valentía mi bebé cedió y se lo dejó quitar.

Al cabo de un rato mi bebé se calmó, al abuelo se le pasó el malgenio, la odontóloga cobró como si le hubiera sacado 3 dientes, el Ratón Pérez fue muy generoso y ahora tenemos una historia para recordar, contar y reírnos. Ya se le han caído 8 dientes, en realidad no ha sido un proceso fácil, pero después de esta experiencia, mi esposo se los ha ayudado a quitar y con los dos últimos mi hija ha sido muy valiente, porque ella misma se ha encargado de quitárselos.