Frases que no deberíamos decirles a nuestros hijos

Frases que no deberíamos decirles a nuestros hijos

Te dejamos algunas frases que no deberíamos decirles a nuestros hijos en ninguna circunstancia. El fin de semana llevé a mi hija al parque y mientras estábamos jugando en la arenera escuché a una mamá gritarle a su hijo de 2 años: no hagas eso “eres un abusivo”, pensé, a esa edad un niño desconoce el significado de esa palabra y por esa misma razón, el niño decidió ir corriendo a derrumbar el castillo de arena que había construido otro niño con ayuda de su padre, la mamá lo tomó de un brazo y lo alejó, al cabo de unos minutos se fue de la arenera el niño al que le derrumbaron el castillo, enseguida regresó la mamá que había gritado al niño, lo empujó hacia el castillo que había empezado a derrumbar para que lo terminara de derribar. – pensé de nuevo, “acaso no le había dicho que no lo hiciera, que era un abusivo”. Escenas como estas pasan todo el tiempo y me llevó a pensar que como padres, muchas veces en el momento de llamar la atención a nuestros hijos, utilizamos un lenguaje no apropiado y terminamos reprendiéndolos con frases destructivas que pueden lastimar a los niños.

Cuando tengas que llamarle la atención a tu hijo, respira y piensa muy bien lo que le vas a decir. El psicólogo Alexis Olivares especialista en niños, recomienda que a la hora de llamarle la atención a un niño pienses bien las palabras que vas a utilizar, por ejemplo, si el niño derramó la leche en la cama deberías decirle: “por estar jugando en la cama derramaste la leche” en cambio de: “eres un tonto, derramaste la leche por distraído”, lo correcto es ayudar a mejorar su actitud.

Siempre intenta partir de las cualidades de tus hijos para llamarle la atención, por ejemplo: “siempre eres tan cariñoso, no entiendo por qué te enojaste tanto”, así tu hijo siempre reconocerá y apreciará lo que en realidad es él como persona y se dará cuenta de actitudes que no son propias de él.

Estas son algunas frases que como padres no deberíamos decirles a nuestros hijos, evita decirles:

  • Cuando yo tenía tu edad: estas generando una comparación de tu forma de ser con la de tu hijo.
  • Eres “gordo”, “feo”: los niños creen ciegamente en lo que sus padres les dicen, por eso en cambio de acentuar lo negativo de los niños, debemos mencionar y recordarles lo positivo.
  • Ya no te quiero, te estas portando mal: el amor de los padres es incondicional, en este caso le estas diciendo a tu hijo que sus padres lo quieren solo cuando él hace lo que papá y mamá dicen. Esta frase puede generar un sentimiento de insatisfacción permanente.
  • Eres igual a tu mamá o papá: las diferencias que a veces tienen los padres, hace que les digas estas frases y los niños simplemente interpretarán que el parecerse a su papá o a su mamá es algo negativo.
  • No llores, no es para tanto: es una forma de no dejar que los niños expresen sus emociones y solo estamos minimizando sus sentimientos diciéndoles que lo que para ellos es importante, en realidad no lo es.
  • Deberías ser como tu hermano: recordemos que todas las personas son diferentes, con virtudes y defectos y el ser diferente no es malo. Cuando comparas a tu hijo con otro niño solo estas ayudando a generar un sentimiento de rivalidad.
  • Te voy a castigar: una llamada de atención funciona bien en los niños, pero si no cumples con la advertencia, estas creando un efecto negativo en tu hijo. Lo ideal es que no le digas qué medidas vas a tomar si en realidad no estás dispuesto a cumplirlas.
  • Le diré a tu papá: muchas mamás decimos esta frase con el fin de desentendernos de un problema y no nos estamos dando cuenta que con esta frase, estamos obviando nuestra autoridad como mamá y le estamos dando al papá un rol negativo.
  • Puedes hacerlo mejor: esta frase puede animarlos, no obstante puede hacer que tu hijo sienta que por más que se esfuerce, las cosas no le resultan bien.
  • Apúrate: con esta frase solo estresamos a nuestros hijos. Levantémonos una hora más temprano, dejemos las cosas listas desde el día anterior, es un trabajo en equipo. Muchas veces el retraso en el tiempo no es por los niños, sino por la mala organización del tiempo de nosotros, los padres.